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México cambió mi vida
Mi historia en Mexico
Era abril del 2011, después de
una mala racha, decidí enfocarme en las cosas que eran realmente importantes
para mí, cosas que por una razón o por otra había dejado de lado, entonces
desempolvé algunos de mis grandes sueños: ir a México y aprender
italiano.
Fue así como conocí a uno de
mis mejores amigos, un muchacho napolitano, teníamos un intercambio de idiomas,
el aprendía español y yo aprendía italiano. Poco a poco nos dimos cuenta de que
teníamos mucho en común, y fue justamente animada por él y por la mala racha
que había vivido en mi país que, un domingo en la tarde, decidí aplicar a un
intercambio estudiantil entre mi universidad y el TEC de Monterrey. No sabía
que sucedería con mi postulación porque la había enviado el ultimo día, y
habían pasado muchos meses y yo aún no tenía ninguna respuesta, un poco
desanimada, pensé en que era mejor no hacerme ilusiones. Fue en Julio del 2011
que me llego el email de aceptación, y tenía ya una fecha, debía estar en
Monterrey el 1 de agosto para empezar clases. Todo paso tan rápido que sin
darme cuenta estaba ya en Monterrey viviendo con una familia maravillosa en una
universidad tan grande que tenía lagos y venados corriendo por todas partes.
Conocí gente maravillosa de México, claro, pero también de: Japón, Alemania,
España, Ecuador, Venezuela, Brasil e incluso viví una temporada con una
muchacha muy alegre de Nueva Zelanda.
Recuerdo que, aunque estaba
viviendo mi sueño de ir a México, además mucho antes de lo que pensaba o
imaginaba, los primeros meses tuve algunos problemas dejando ir aquello que me
había hecho tanto daño en mi país. Habían días en los que me encontraba a mí
misma llorando por todo lo que había sucedido, hasta que un buen día, de camino
a la universidad, me detuve, y pensé para mí misma: “Laíz, a ver, estas aquí en
México el lugar donde siempre habías querido estar, en medio de una cultura que
siempre habías querido conocer en primera persona, además, solo por un tiempo
limitado ¡qué haces llorando y sufriendo por cosas que no puedes cambiar!” y
esa fue la última vez que me sabotee a mí misma el presente por andar pensando
en el pasado. Debo admitir que aún recurro a
ese pensamiento, la luz y fuerza que este me
generó muchas veces me sigue iluminando e impulsando aún ahora.
Todos esos meses fueron
maravillosos: viaje todo lo que pude y aproveche para tomar cursos de italiano
en México, que me daban al menos un nivel inicial en el idioma, y ya eso era
bueno para mí. Fue así como pase 6 meses entre estudios, viajes, salidas con
amigos, pasando mucho, mucho calor, porque Monterrey es de verdad sumamente
caliente, y la vida tenía preparada para mi aún muchas sorpresas. En noviembre
de ese año mi querido amigo napolitano me informo que él también iría a México
con un amigo, y que le encantaría por fin conocerme en persona, esa noticia me
lleno de tanta alegría y me sorprendía tanto que dos personas de lugares tan
distantes como lo son Bolivia e Italia llegaran a conocerse en México. Mi amiga
brasilera y yo estábamos convencidas de que era una cosa del destino.

Al terminar mi intercambio no
partiría a mi país aún, debía dejar Monterrey, porque mis papás llegarían a la
Ciudad de México unas semanas después, así que al terminar la universidad me
fui a esta ciudad y viví sola en esa enorme capital por 1 mes, sin duda fue
toda una aventura: la ciudad de México, en aquel entonces, tenía la población
de todo mi país entero. En mi ciudad, no tenemos el sistema de Metro, y aunque
La Paz es la ciudad más caótica de Bolivia, no era nada comparada con la enorme
Ciudad de México. Ame y me enamore profundamente de esta gigantesca urbe: sus
museos, sus calles, su comida, su clima, sus plazas, todo absolutamente todo
aquello que veía solo me hacía amarla cada día más. Fue así como llego diciembre y
a unos días de mi regreso a Bolivia recibí la llamada de mi amigo italiano, y
coordinamos un encuentro justamente la penúltima noche que yo estaría en
México. Al verlo todo fue como lo había imaginado, nos sonreímos y abrazamos
como si nos hubiéramos conocido de toda la vida, él me había apoyado mucho
durante mis días más oscuros, así que ocupa un lugar muy importante en mi
corazón. Esa noche me presentó a su amigo, otro italiano que fue muy amable,
atento y caballeroso conmigo. Esa noche nos fuimos de fiesta por Coyoacán y al
acabar la noche nos despedimos, muy contentos de haber podido
encontrarnos.
Una vez de vuelta en mi país
él y yo mantuvimos, como siempre, el contacto por correo electrónico y, unos
meses después, me comentó que el amigo italiano que me había presentado en
México le había pedido mi email y si tenía el permiso de dárselo, a lo que yo
conteste que sí, que no había ningún problema. Vaya sorpresas que tiene la vida,
y maneras de jugar que tiene el destino. El amigo italiano, al que llamaremos
Roberto, y yo empezamos a hablar y nuestra relación se hacía cada más cercana,
tanto, que unos meses después del primer email estábamos juntos recorriendo mi
país y el invitándome a Italia para las fiestas de fin de año. Haciendo de esa
forma que yo cruce el océano por primera vez en mi vida, iniciando una relación
que duraría 5 años con un océano de por medio, y dando como resultado nuestro
matrimonio. Está demás decirles que nuestro amigo napolitano fue el testigo en
el matrimonio, y que ahora me encuentro viviendo en Italia. Si lo cuento así,
parece fácil ¿no? Casi sacado de un cuento de hadas. Pero mentiría si dijera
que fue así, las relaciones a distancia y los matrimonios nunca son sencillos y
mucho menos cambiar de continente o tener como pareja a una persona de una
cultura completamente diferente a la tuya. Sin duda tu forma de ver la vida
cambia, y cambias tú mismo como persona, pero eso lo dejaremos para otros,
varios, artículos.
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